JUAN HERRANZ
Escritor Aragones


LIZBO, EL JARDÍN

Alí acompañaba a Serdan, durante días de camino, por las tierras negras del inmenso Armetrón. Entre los dos apenas eran capaces de juntar unas ganas de seguir buscando el jardín de Lizbo, con el que siempre les habían enseñado a soñar desde que eran niños. El primer culpable de aquel viaje era Yuno, el mago, él les había convencido de que eran los elegidos para el viaje.

"Serdan y Alí, vosotros seréis los encargados de marchar en busca del jardín de Lizbo, traeréis las flores de vuelta a Armetrón,, y las flores traerán de nuevo la vida. Sólo vosotros podéis devolvernos el color y la vida. El camino que deben hacer vuestros pies os llevarán al jardín de Lizbo. Debéis hacerlo por Armetrón.

__ ¡El jardín de Lizbo estuvo siempre más allá de las grandes colinas! - repitió con sarcasmo Alí leyendo en el mapa que llevaba entre sus manos. Su rostro, siempre blanquecino como el mármol parecía dejarse violentar por el rojo de su ira enojosa y desesperada. - ¿Por qué se dan las direcciones tan enigmáticas en este mapa mágico?... Hubiera resultado bastante más provechoso saber que apenas se pueden atravesar estas colinas a pie, así habríamos traído los caballos.
__ El camino que deben hacer vuestros pies os llevarán al jardín de Lizbo - recordó Serdan la frase del mago a su impaciente amigo, tragándose su tediosa impresión de cansancio y fracaso. Su vigorosa melena pelirroja se había impregnado, durante el largo camino, del negro volcánico de aquellas tierras negras y duras de Armetrón.
Cuando llegaron a la cumbre de la colina más alta, los dos amigos miraron al frente con desolación, sabían que atrás dejaban las negras tierras de Armetrón, pero frente a ellos se extendía más Armetrón, oscuro, negro, pedregoso y polvoriento como todo lo que llevaban conocido.
__ ¡Dios mío! - gritó Alí - ¿Dónde está Lizbo? ¡No existe!..., sigue siendo todo negro Armetrón.
__ El mapa decía que el jardín de Lizbo "estuvo siempre" más allá de las grandes colinas - Serdan recalcó las dos palabras entrecomilladas. -
__ ¡Ajá! "Estuvo siempre". - repitió circunspecto Alí, su blanco rostro hacía destacarse por contraposición a sus intensos ojos negros de opaca mirada. - ¿Y qué, Serdan? ¿y qué?
__ Habrá que seguir buscando..., un poco más allá. - medió el pelirrojo levantando la voz entre un viento creciente. Alí prefirió no proferir queja alguna, se guardó su enfado para sí y siguió andando.
Durante el descenso por la gran colina, el viento fue creciendo, hasta tal punto que el caminar se hizo imposible para los amigos, el polvo negro de la tierra de Armetrón imposibilitaba la visión; encontraron una cueva en aquella rocosa colina y se refugiaron en ella con enorme alivio.
__ Esperaremos a que concluya esta tormenta y proseguiremos - señaló Serdan con un intento de dar firmeza a su voz aunque ésta, sólo pudo sonar tibia. Alí no sabía cuánto tiempo podría aguantar su silencio explosivo. -
__ ¡Eh! ¡Chist, chist!
Alguien llamó a los dos chicos, los cuales se giraron sobresaltados sin hallar la fuente de la voz.
__ ¡Aquí abajo! - era una voz femenina, casi infantil, con un tono de queja.
Serdan miró hacia el suelo y encontró que era una flor quien llamaba su atención.
__ ¡Dios mío, pero si es una rosa!. - se quejó finalmente Alí.
__ ¿Quién mejor para decirnos dónde está el jardín de Lizbo que una flor? - se atrevió a apuntar a su escéptico compañero un satisfecho Serdan. -
__ ¿El jardín de Lizbo buscáis? - La ligera voz de la rosa se entristeció sonando quebrada e insegura, su tallo se dobló abatido por su tristeza. -
__ Sí, ¡buscamos el jardín de Lizbo! - los ojos verdes de Serdan brillaban - ¿Qué es el jardín de Lizbo? ¿Qué es Lizbo?.
__ Bueno... - la rosa seguía azorada la conversación - A mi me dijeron que Lizbo fue un chico, así como vosotros. - Por unos momentos la flor se irguió al recordar la historia - Aquel chico plantó toda la tierra de su jardín, el jardín de Lizbo. - de nuevo se marchitó la flor para continuar - pero la tierra negra se apoderó de todo.
__ Pero, ¡tenemos que llevar las flores del jardín de Lizbo por toda la tierra de Armetrón para devolver el color y la vida!. - Serdan habló con vehemencia, con energía. -
__ Lo siento mucho. - terminó por decir la rosa, todo el jardín de Lizbo que queda está aquí, soy yo, la tierra negra se apoderó de todo.
__ Entonces, ¿no hay jardín de Lizbo?
__ Ya no. - La solitaria flor apenas levantó la voz. -
__ Ya lo has oído, Serdan, cuando acabe la tormenta volveremos y les diremos a todos que el jardín de Lizbo ha desaparecido, que ya no existe. - aseguró Alí. -
El viento cesó por fin, Serdan y Alí salieron de la cueva.
__ Volvamos, Serdan, volvamos a casa. - agarró Alí a Serdan de su hombro mientras comenzaba a ascender de nuevo por la colina. -
__ ¡No! - Serdan se separó de Alí; bajo su melena pelirroja ocultaba sus ojos verdosos que rebosaban en lágrimas. - quiero seguir buscando el jardín de Lizbo, no soporto el negro Armetrón.
__ Pero la flor a dicho que...
__ ¡No! - Serdan siguió hacia delante, Alí comprendió, en un instante, que debía dejarle sólo. -
Serdan anduvo mucho tiempo más, estaba triste y desolado, lloraba amargamente a cada paso que daba, y a cada lágrima que caía sobre el negro suelo de Armetrón, las flores y las plantas germinaban vigorosas y esbeltas, hermosas en sus asombrosos colores. Sobre ellas se alzaron los árboles y entre todos ellos discurrieron los ríos. Y parecía mentira que cualquier viento negro pudiera arrebatar tanta hermosura, pero seguro que lo haría; entonces otra persona tendría que ir en busca de la vida más allá de las colinas, y esta vez la vida estaría en el jardín de Serdan. Y algún mago diría "El camino que deben hacer vuestros pies os llevarán al jardín de Serdan. Debéis hacerlo por Armetrón".


Juan Herranz

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