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LIZBO,
EL JARDÍN
Alí
acompañaba a Serdan, durante días de camino, por las tierras
negras del inmenso Armetrón. Entre los dos apenas eran capaces
de juntar unas ganas de seguir buscando el jardín de Lizbo, con
el que siempre les habían enseñado a soñar desde
que eran niños. El primer culpable de aquel viaje era Yuno, el
mago, él les había convencido de que eran los elegidos para
el viaje.
"Serdan
y Alí, vosotros seréis los encargados de marchar en busca
del jardín de Lizbo, traeréis las flores de vuelta a Armetrón,,
y las flores traerán de nuevo la vida. Sólo vosotros podéis
devolvernos el color y la vida. El camino que deben hacer vuestros pies
os llevarán al jardín de Lizbo. Debéis hacerlo por
Armetrón.
__
¡El jardín de Lizbo estuvo siempre más allá
de las grandes colinas! - repitió con sarcasmo Alí leyendo
en el mapa que llevaba entre sus manos. Su rostro, siempre blanquecino
como el mármol parecía dejarse violentar por el rojo de
su ira enojosa y desesperada. - ¿Por qué se dan las direcciones
tan enigmáticas en este mapa mágico?... Hubiera resultado
bastante más provechoso saber que apenas se pueden atravesar estas
colinas a pie, así habríamos traído los caballos.
__ El camino que deben hacer vuestros pies os llevarán al jardín
de Lizbo - recordó Serdan la frase del mago a su impaciente amigo,
tragándose su tediosa impresión de cansancio y fracaso.
Su vigorosa melena pelirroja se había impregnado, durante el largo
camino, del negro volcánico de aquellas tierras negras y duras
de Armetrón.
Cuando llegaron a la cumbre de la colina más alta, los dos amigos
miraron al frente con desolación, sabían que atrás
dejaban las negras tierras de Armetrón, pero frente a ellos se
extendía más Armetrón, oscuro, negro, pedregoso y
polvoriento como todo lo que llevaban conocido.
__ ¡Dios mío! - gritó Alí - ¿Dónde
está Lizbo? ¡No existe!..., sigue siendo todo negro Armetrón.
__ El mapa decía que el jardín de Lizbo "estuvo siempre"
más allá de las grandes colinas - Serdan recalcó
las dos palabras entrecomilladas. -
__ ¡Ajá! "Estuvo siempre". - repitió circunspecto
Alí, su blanco rostro hacía destacarse por contraposición
a sus intensos ojos negros de opaca mirada. - ¿Y qué, Serdan?
¿y qué?
__ Habrá que seguir buscando..., un poco más allá.
- medió el pelirrojo levantando la voz entre un viento creciente.
Alí prefirió no proferir queja alguna, se guardó
su enfado para sí y siguió andando.
Durante el descenso por la gran colina, el viento fue creciendo, hasta
tal punto que el caminar se hizo imposible para los amigos, el polvo negro
de la tierra de Armetrón imposibilitaba la visión; encontraron
una cueva en aquella rocosa colina y se refugiaron en ella con enorme
alivio.
__ Esperaremos a que concluya esta tormenta y proseguiremos - señaló
Serdan con un intento de dar firmeza a su voz aunque ésta, sólo
pudo sonar tibia. Alí no sabía cuánto tiempo podría
aguantar su silencio explosivo. -
__ ¡Eh! ¡Chist, chist!
Alguien llamó a los dos chicos, los cuales se giraron sobresaltados
sin hallar la fuente de la voz.
__ ¡Aquí abajo! - era una voz femenina, casi infantil, con
un tono de queja.
Serdan miró hacia el suelo y encontró que era una flor quien
llamaba su atención.
__ ¡Dios mío, pero si es una rosa!. - se quejó finalmente
Alí.
__ ¿Quién mejor para decirnos dónde está el
jardín de Lizbo que una flor? - se atrevió a apuntar a su
escéptico compañero un satisfecho Serdan. -
__ ¿El jardín de Lizbo buscáis? - La ligera voz de
la rosa se entristeció sonando quebrada e insegura, su tallo se
dobló abatido por su tristeza. -
__ Sí, ¡buscamos el jardín de Lizbo! - los ojos verdes
de Serdan brillaban - ¿Qué es el jardín de Lizbo?
¿Qué es Lizbo?.
__ Bueno... - la rosa seguía azorada la conversación - A
mi me dijeron que Lizbo fue un chico, así como vosotros. - Por
unos momentos la flor se irguió al recordar la historia - Aquel
chico plantó toda la tierra de su jardín, el jardín
de Lizbo. - de nuevo se marchitó la flor para continuar - pero
la tierra negra se apoderó de todo.
__ Pero, ¡tenemos que llevar las flores del jardín de Lizbo
por toda la tierra de Armetrón para devolver el color y la vida!.
- Serdan habló con vehemencia, con energía. -
__ Lo siento mucho. - terminó por decir la rosa, todo el jardín
de Lizbo que queda está aquí, soy yo, la tierra negra se
apoderó de todo.
__ Entonces, ¿no hay jardín de Lizbo?
__ Ya no. - La solitaria flor apenas levantó la voz. -
__ Ya lo has oído, Serdan, cuando acabe la tormenta volveremos
y les diremos a todos que el jardín de Lizbo ha desaparecido, que
ya no existe. - aseguró Alí. -
El viento cesó por fin, Serdan y Alí salieron de la cueva.
__ Volvamos, Serdan, volvamos a casa. - agarró Alí a Serdan
de su hombro mientras comenzaba a ascender de nuevo por la colina. -
__ ¡No! - Serdan se separó de Alí; bajo su melena
pelirroja ocultaba sus ojos verdosos que rebosaban en lágrimas.
- quiero seguir buscando el jardín de Lizbo, no soporto el negro
Armetrón.
__ Pero la flor a dicho que...
__ ¡No! - Serdan siguió hacia delante, Alí comprendió,
en un instante, que debía dejarle sólo. -
Serdan anduvo mucho tiempo más, estaba triste y desolado, lloraba
amargamente a cada paso que daba, y a cada lágrima que caía
sobre el negro suelo de Armetrón, las flores y las plantas germinaban
vigorosas y esbeltas, hermosas en sus asombrosos colores. Sobre ellas
se alzaron los árboles y entre todos ellos discurrieron los ríos.
Y parecía mentira que cualquier viento negro pudiera arrebatar
tanta hermosura, pero seguro que lo haría; entonces otra persona
tendría que ir en busca de la vida más allá de las
colinas, y esta vez la vida estaría en el jardín de Serdan.
Y algún mago diría "El camino que deben hacer vuestros
pies os llevarán al jardín de Serdan. Debéis hacerlo
por Armetrón".
Juan Herranz
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